7 de junio de 2011

47. Vuelta a la normalidad

"A veces basta la palabra de alguien que cree en ti para devolverte al mundo"

Me acerqué a la entrada del salón y la observé otra vez. Nada, todo igual que antes, ella en lamisma posición, juraría que no se hubiera movido ni un centímetro.
Mirada perdida en la televisión, ojos brillantes, rostro sin expresión, acurrucada en el sofá y tapada con la manta.
Suspiré. ¿Que iba a hacer con esta niña?
Entré en el salón y me puse delante dela televisión. No pareció percatarse.
-¡Yasmine, está ardiendo la casa! -la puse a prueba.
Nada, ni se inmutó, solo un simple:
-¿Qué?
Me di por vencida y regresé a la cocina, miré al reloj que había colgado en la pared. Las diez y treita y cinco. Que raro... Raúl no había regresado. Seguro se había olvidado, como era de esperar.
De pronto, la puerta de casa se abrió, con fuerza y entró justamente quién estaba pensando, pero sin Cristina.
Entró acelerado en casa buscándome y cuando me vio, me contó lo sucedido con cara de preocupación.
-Cris no está, no había nadie en la puerta del colegio.
Tras él apareció Raquel.
-¡¿Que?!- exclamé- Ai Dios mio... Dejame leer otra vez la hora de llegada en la hoja.
Abrí el cajón de la mesa y saqué un papel.
-Hora de llegada: las veintidos horas.
-Madre mía... -se alteró Raúl- Trae, dejame ver eso.-Me arrancó el papel de las manos y lo leyó. -Pues sí, ¡maldita sea! ¡Esto no tiene sentido! Allí no había nadie, nadie. ¿Donde demonios está?
Raquel intervino en la conversación:
-A lo mejor se han retrasado un poco.
-¿Cuarenta minutos?- preguntó Raúl con tono irónico.
Observé que Raúl empezaba a perder los papeles asi que tuve que aparentar calma, aunque estuviera de todo menos calmada.
-Bueno, relájate. Vamos al colegio otra vez, tiene que hacer una explicación. O mejor... Raúl quedate con tu hermana, tu estás demasiado nervioso igual le pegas a alguien o tenemos un accidente o a saber... Aver si consigues devolverla a la realidad, Dios mio, esto es una casa locos...
-De acuerdo- dijo Raúl empezando a dar vueltas por la cocina.

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Minutos más tarde allí estaba, yo en la cocina y Yasmine en el salón.
Llevaba varios días así, a penas comía, no hablaba, solo se tumbaba en el sofá y se quedaba como hipnotizada todo el día.
Entre en el salón y me senté en el sofá de al lado.
Observé lo que emitían en la televisión.
"Física o Química", la serie en la que los alumnos se liaban con los profesores, profesores con profesores, alumnos con alumnos, orgías, relaciones e tres... En fin... Vaya gilipollez.
-Tú hermana ha desaparecido. -afirmé.
No hubo contestación.
Me levanté y me senté en el suelo, quedando justo en frente a ella.
-Tu hermana ha desaparecido- repetí mirandola a los ojos.
Pero ella seguía mirando la estúpida serie.
Suspiré y a continuación apagué la televisión. Tras volver a sentarme frente a ella repetí.
-Tu hermana ha desaparecido, ¿no te importa? ¿sigues tan tranquila?
Cerró los ojos. Un leve gesto, era algo, ahora no había que darse por vencido.
-¿Quién eres?- pregunté luego- Te desconozco Yasmine. ¿Que demonios te pasa?
Nada, más silencio.
-Sé que lo que te pasa tiene que ver con Adam, asíque si no me lo dices tú se lo preguntaré a él.
-¡No!- exclamó abriendo los ojos de nuevo y fulminandome con la mirada.
-Vaya... Has despertado, sabía que era algo con Adam, y me lo acabas de confirmar.
Su mirada se convirtió en un gesto molesto. Si, estaba molesta conmigo, no le gustaba lo que le decía.
Silencio otra vez, pero cara de pocos amigos.
-¿Quieres que te deje en paz?
Asintió con la cabeza.
-¡Pues te jodes! Yasmine, Cris, ¡Cris! Tu hermana pequeña, ¿la conoces? Ha desaparecido.
Más silencio.
-Otra vez no hablas... ¿Quién eres joder? ¡¿Quien coño eres?! Dime quién eres porque si no te importa tu hermana quién te va a importar?
De repenté se incorporó y se quedó sentada en el sofá. Sus ojos llenos de rabia y dolor estallaron el lágrimas.
-¡¡Soy basura!! ¡¡Basura!! ¡Eso es lo que soy! -gritó.
-¿Basura? ¿Basura? Mira, Yas, te voy a decir lo que eres. Eres mi hermana, ¿vale? Y mi hermana es la ostia. ¿Te ha quedado claro? Mi hermana es guay, es simple, grandiosa, tiene personalidad, me ha sacada de miles de apuros, me ha incluso pegado alguna vez, es valiente, fuerte. Esa es mi hermana y lo digo con orgullo. Siempre la he admirado aun que no se lo dijera nunca. Siempre, desde que nació, desde que empezó a jugar a las barbies, desde que fue mi compañera de infacia... La he admirado, pero ahora... me está dando motivos para dejar de hacerlo. Vuelve en ti, ¡joder!
Saltó a mis brazos y me abrazó.
-Perdoname, perdoname. -se disculpó.
Sonreí satisfecho.
-Y la sigo admirando.
La puerta se abrió otra vez y entraron tres personas.
-Alguien nos ha engañado Raúl- dijo la abuela.
Yas me soltó y miró la escena secandose las lágrimas de los ojos.
Cristina apareció con una cara sonriente y pilla.
-Pero tú, ¿donde te habías metido? ¿estás loca o que?- pregunté.
-Que- la niña empezó a reirse de su propio chiste y acabó contagiendonos a todos.
Tres segundos después la abuela, Yasmine, Raquel y yo nos reíamos.

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Todos se ríen, pero sé que caerá un castigo imperdonable por ello.
La verdad es que no me importa, porque tengo perdón y tu aceptación mamá.

46. Escapada

Aquel día lo que había comenzado como un día normal y sin ninguna importancia, ha terminado siendo un día grandioso. ¡Si! Raquel y yo estabamos juntos de nuevo. Todo había pasado muy rápido, una reconciliación de película, luego inundados de felicidades volvimos a la normalidad.
-¿Quieres tomar algo?- me ofrecia ella, ahora contenta, incapaz de borrar aquella brillante sonrisa.
Cuando estás enamorado, sonríes, sin motivo alguno, por cualquier chorrada, tan solo el echo de estar feliz con una persona hace que la vida cotidiana y monótona de siempre se convierta en hermosa y grandiosa. Sabes que estás echo para esa persona y entonces, ¿que importa que se te pinché una rueda del coche?, ¿que se ponga a llover o a tronar?, o ¿que suspendas un examen? No te importa nada, ni lo mas mínimo tan solo sonríes.
Pero de pronto un lapsus vino a mi cabeza.
-¡Oh Dios! ¡Mierda! Me tengo que ir.
-¿A donde? ¿No estas a gusto en mi cama?- preguntó ella acurrucandose en mi pecho después de aquel acto de amor.
-No sabes cuanto, pero tengo que ir a buscar a mi hermana al colegio.- expliqué mientras me vestía rapidamente.
Raquel me miró extrañada.
-¿A las diez de la noche?
-Si, es que hoy se han ido de excursión y ya deben de estar al llegar. ¡Joder, voy a llegar tarde!-Ahora ella creyó mi explicación y sonrió convencida. -¿Quieres acompañarme?
-De acuerdo.
Y así fue como llegamos hasta la puerta del colegio de Cristina, a las diez y diez, y ni un solo niño, el colegio cerrado, y ni rastro de autobuses ni profesores.

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-Hola mamá, hoy he decidido venir a visitarte. Hace tiempo que no te veo y necesitaba hablar contigo. Hoy he hecho algo malo, pero supongo que si te lo estoy contando a ti no es tan malo, tengo tu consentimiento. ¿A que si mamá?
Cristina esperó unos segundos pero no obtuvo contestación.
-Vale, quizás haya sido algo malo, he mentido a la abuela, le dije que hoy teníamos una excursión en la escuela y que llegaría tarde. Si, hasta hicé una falsa autorización. Pero mamá, lo que quería era estar sola, he ido a la playa y estuve allí toda la tarde, me gusta el mar, me recuerda a ti y he pensado mucho. Sabía que si se lo pedía a la abuela o a Yas no me dejarían ir a mi sola por eso lo hice.
La niña hizo otra pequeña pausa y no obtuve respuesta.
Sé sentó ante la tumba de su madre sin perder la esperanza de que en algún momento le respondiera..
-Mamá, te echamos todos de menos. Yas está triste todo el tiempo, desde que te fuiste. Tienes que perdonarla, ella no estuvo en tu entierro, pero fue decisión de la abuela, ella tuvo un ataque de ansiedad y estuvo ingresada tres días en el hospital pero no te preocupes mamá, yo sé que te sigue queriendo, le hubiera gustado poder despedirse de ti. Mamá, tienes que ayudarla, Yas está mal, quizás es a la que peor le sentó tu muerte. Quiero que sea la misma Yas de antes.
Raúl, él también está triste, pero a veces hace chistes para hacerme reír. Raúl se ha vuelto un poco canalla desde que te fuiste se pega con muchos chicos y tiene accidentes... Es muy raro, ¿porque los mayores hacen esas estupideces? ¿tu lo sabes?
La abuela, está bien. Siempre intenta entretenerme y mantenerme ocupada haciendo algo, pero yo sé que también te echa de menos, aunque intenta no hablar nunca de ti. Que estupidez, ¿verdad? ¿Que tiene de malo hablar de ti aun que ya no estés? Pero es la abuela, ella cree que así nos evita llorar más.
Y mamá, papá nos ha dejado desde que te fuiste. No, él no murió, pero se fue de casa, y nos abandonó. El otro día vino y no me quiso dar un abrazo, yo no lo entendí. ¿Ya no me quiere mamá? Solo te quería a ti, estaba con nosotros por ti, es un egoista. Tambien sé que le dio una carta a Yas y a Raúl. Pero ninguno de los dos me la dejó leer, Yas ni siquiera la leyó y Raúl lloró mucho.
Y yo... yo también te echo de menos, tus cuentos, y tu manera de hacernos felices a todos. Porque desde que tu te fuiste todos nos hundimos, unos de una manera y otros de otra, pero nos hundimos. Incluso papá, que no se ha ido, también está hundido. No quiere a sus hijos y eso es estra hundido.
Cristina miró su reloj y vio que pasaban de las diez, las diez y media. Ya había ennochecido y el cielo oscuro estaba repleto de estrellas.
Hizo un gesto de sorpresa y se levantó de inmediato.
-¡Oh! Raúl debe de estar buscandome, tengo que volver al colegio mamá. Pero antes de irme quiero decirte que te quiero y que nunca me voy a olvidar de ti.
Cristina sonrió feliz de haberle confesado todo aquello a su madre.
-Y ahora... ¿me perdonas haberle mentido a la abuela?
Esperó una respuesta que no llegó, pero vio algo que le pareció incluso mejor que una respuesta y la hizo sonreír.
Una brillante estrella fugaz atravesó el cielo oscuro dejando una pequeña y mágica estela atrás que desapareció en escasos segundos.

4 de junio de 2011

45.Ra y Ra

Días más tarde...

"... -Cupido. En carne y hueso. Ese querubín tan mono que tiene poder sobre los corazones.
Julián soltó un resoplido.
-Cupido es cualquier cosa menos <>. Y con respecto a los corazones, más bien se encarga de destrozarlos.
-Pero puede hacer que la gente se enamore.
-No- le contestó, apretando con más fuerza el colgante entre sus dedos-. Lo que él ofrece es una ilusión. Ningún poder celestial puede conseguir que un humano ame a otro. El amor proviene del corazon- confesó con un deje atormentado en la voz.
Grace buscó su mirada.
-Hablas como si lo supieras de primera mano.
-Lo sé. ..."


El sonido del timbre alejó los pensamientos de la joven chica de lo que estaba leyendo. Se había quedado embaucada en aquella lectura. Las palabras de aquel extraño Julián la habían absorbido a aquel iluso mundo de la lectura que podía hacer viajar a cualquier lugar a todo aquel que se lo propusiese.
Se levantó del sofá un poco molesta. Estaba de acuerdo con aquel pequeño y último fragmento que había leído y le gustaría poder seguir leyendo. Quizás las respuestas de la vida estuvieran escritas entre lineas en los libros. Quizás dieran pistas... Y en aquel preciso momento ella necesetiba alguna, pues tenía la cabeza hecha un auténtico caos.
Mientras daba los pasos que había desde el salón hasta la puerta se preguntó quién podrías ser. ¿Su madre? No, imposible, no había acordado llegar tan pronto de aquel de los tantos viajes que hacía desde que se había casado con aquel hombre que ahora era su padrastro, Roberto.
El timbre sonó otra vez. Impaciencia al otro lado de la puerta.
-¡Ya va!- exclamó acelerando el paso.
Abrió la puerta y tras ella vio a un joven rubio conocido por ella, por suerte o por desgracia.
-Hola- saludó Dimas.
Raquel sonrió con la sonrisa más agradable que pudo transmitir.
Sabía a lo que venía. Lo sabía perfectamente. Y no le gustaba, llevaba días evitando aquella conversación. Desde el accidente de Raúl había perdido contacto con casi todos.
Dimas, Yasmine... y ¿como no? Raúl.
Teléfono móvil siempre apagado, y el fijo solo dispuesto a contestar a las llamadas de su madre o alguna otra urgencia. Digamos que se había tomado unos días de descanso para meditar todo con calma y decidir. Decidir, de eso se trata la vida, elegir un camino con sus cosas buenas y también malas, y de rechazar otro igualmente, con sus beneficios e inconvenientes. Pero la duda residía en que pasaría si el camino que eligiera no fuese el adecuado para ella, si no hiciese lo correcto. Y eso le llevaba a otra duda, ¿que demonios era lo correcto? ¿como se sabía que hacías lo que debías?
-Hola- saludó ella también después de apartar de su mente aquellas dudas que comenzaban a dispersarse hasta perder totalmente el contexto.
-¿Como estás?
Raquel asintió con la cabeza.
-Bien, estoy bien. ¿Y tú?
-Yo también intento aparentarlo, pero...- hizo una pequeña pausa de silencio -Oye Raquel, ¿podríamos hablar? Sabes que me debes explicar algo... Bueno, o yo creo que me merezco una explicación.
La chica cogió aire y lo contuvo en sus pulmones como intentando apartar el nerviosismo de ella, pero no fue efectivo.
-Claro Dimas, pasa y hablemos- le ofreció.
-Gracias.
Dimás entró en el humilde pero acogedor piso y ella lo condujo hasta el salón.
-Siéntate, por favor- pidió.
Dimas obedeció y se sentó en uno de los sofás. Ella hizo lo mismo, al lado del libro que le gustaría seguir leyendo en lugar de aquella incomoda situación.
El joven chico rubio se pasó las manos por la cara y luego comenzó a hablar.
-Bueno, me gustaría saber porque todos estos días no has dado señales de vida.
Ella lo miró a los ojos seriamente.
-Tenía que desconectar, el accidente de Raúl ha sido un gran golpe para mí. Él fue una importante en mi vida, creo que deberías entenderlo.
Una sonrisa se iluminó en el rostro de Dimas.
-¿Fue? ¿Eso quiere decir que ya no lo es?
Raquel se maldijo mentalmente despues de aquella metedura de pata. ¿Cuando aprendería a espresarse como Dios manda?
Suspiró y se puso en pie.
-Perdona Dimas, no te he ofrecido nada. ¿Te apetece un café o una infusión?
Pero él no se dio por vencido tan facilmente.
-Supongo que ese repentino cambio de tema oculta un "no" detrás, ¿no?... -cogió aire- Raquel, en el accidente... Tú aún lo quieres ¿verdad?- sus ojos ahora mostraban un cierto brillo.
Ella lo miró durante unos segundos, quería contestar bien a aquella pregunta que acababa de formularle. No podía poner la pata otra vez. Además, era evidente que él sabía a la perfección que esta seguía sintiendo algo por su exnovio, pero al parecer quería torturarla hasta que lo dijese con sus propias palabras.
El amor... la persona que se siente ofendida y dolida solo desea devolver ese daño.
Raquel creía estar pensando la respuesta adecuada, pero lo que en realidad pasaba era que su mente se quedaba totalmente en blanco entre tantas dudas e inseguridades, y finalmente no salían palabras de su boca, por lo tanto no hubo respuesta.
Dimas seguía mirandola impaciente desde el sofá de enfrente. Y ella allí todavía en pie, inmóvil y con cara de preocupación. Mucha preocupación.
Al fin, Dimas se puso en pie harto de esperar y se acercó a ella.
-Raúl o yo. Decidete de una vez Raquel.
Tras pronunciar esas palabras caminó hasta la puerta por la que entró y salió del piso sin dar ningún portazo. Cauteloso pero echo una furia por dentro.
En el salón seguía ella, con la mirada clavada ahora en las baldosas del suelo. Soltó todo el aire de repente y se dejó caer e el sofá.
Tropezó contra aquel exquisito libro de nuevo y lo abrió por una página al azár.

"Ese viejo dicho según el cual era mejor haber conocido el amor antes de perderlo era una rotunda estupidez."

Entonces lo cerró de nuevo y rompió a llorar, sobre uno de los cojines a juego con el sofá.

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-¿Diga?- contesté.
-Tenemos que hablar, y tenemos que hacerlo ahora mismo.
-¿Hablar? ¿Ahora?
-Si, ven a mi casa por favor...-me pidió Raquel.
Sin poder creérmelo sonreí.
-En seguida voy.
-Gracias.
Colgué el teléfono y me quedé atónito durante unos segundos. Miré a través de la ventana de mi cuarto y vi como una suave brisa movía algunas hojas de los árboles que había en el jardín.
¿A que sería debido aquel cambio de opinión por parte de Raquel?
Después de rechazarme una y mil veces tras el accidente, de no querer hablar conmigo, despues de todo quería hablar y además tenía que ser ahora mismo. Mujeres... siempre hay que hacerlas cosas cuando a ellas les salga de las narices. ¿Que mosca le habrá picado? Espero que no haya más discusiones, he perdido la sensiblidad despues del sablazo que nos dio aquel hombre al que llamaba papá.
Bajé en seguida hasta el salón, para coger mi cazadora, donde me encontré a Yasmine tirada en el sofá, mirando la televisión, con aquella característica tristeza tan peculiar reflejada en el rostro como era habitual ultimamente. Su cuerpo tapado con una manta y la cabeza acurrucada contra el cojín. Parecía tan atenta en aquella película que creo que ni se percató de que acababa de entrar. O quizás se encontraba en las nubes.
-¿Se puede saber que diablos te pasa?
Pareció como si se hubiera despertado de un trance, y me miró como asustada.
-¿Que?
Suspiré.
-Yas, olvidate de todo por un momento, ¿vale? Olvida a papá, a Cesar, a Almudena y a Adam. Por que esto tiene que ver con él ¿o no?
-¿El que?
Y ahora se hacía la tonta, como si yo no supiera que habían hablado.
-Mira Yas, sigue así ¿vale? Encierrate en casa, no salgas, sigue mirando la televisión, tumbada en el sofá, no sigas estudiando, deprimete y sigue amargada durante el resto de tu vida. Así es como vas a terminar si sigues en este plan.
Me miró extrañada y yo salí del salón sin darle casi tiempo a contestar. Entré en la cocina donde estaba mi abuela viendo una de sus telenovelas.
-¿Vas a salir Raúl?
-Si- contesté mientras cogía una manzana del frutero y la mordía.
-No tardes mucho, acuerdate de que a las diez llega Cris de la excursión y debes ir a recogerla al colegio- Cierto, se me había olvidado por completo.
-No te preocupes abu, a las diez allí estaré- Miré el reloj- Son las nueve, tengo tiempo de sobra- seguí diciendo sin tener ni idea de la duración de la conversación que iba a tener con Raquel.
-Pero acuerdate, conozco tu mente olvidadiza. A ver si vas a dejar a la niña allí sola de noche.
-Descuida abuela- le di un beso en la mejilla y salí de casa.
Entré en el coche de mi abuela, pues el mio había quedado destrozado y conducí hasta aquel edificio en el que había estado tantas veces, acabando de comer la manzana en la mitad del trayecto.
Una vez aparcado timbré en el portal.
-¿Raúl?- se aseguró por el telefonillo.
-Si soy yo.
La puerta se abrió y la empujé entrando así. Y caminando hasta los ascensores.
Mientras subía me miré en el espejo del ascensor. No se me notaba nervioso, sabía disimular bien, era un gran actor. Sonreí a mi propio reflejo.
Y de repente ¡cliin! El ascensor avisó de la llegada a la planta cuatro.
Mis nervios aumentaron.
Tras abrirse las puertas salí y pude percibir que su puerta estaba entreabierta y sin parar a pensar antes de entrar y sin rodeos entré.
Allí estaba en frente a mi, esperandome. De brazos cruzados contra la parede del recibidor, tan guapa como siempre y con una extraña sonrisa. Tan solo a escasos metros de mi.

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Al fin, Raúl y yo. Yo y Raúl. Me bastaron tres segundos, ver su cara otra vez, su gesto de siempre, indescriptible, siempre esa manera de actuar: siempre cauto, siempre pisando en tierra fierme, pero dejando abierta cualquier posiblidad.
Y en esos tres segundos me di cuenta de que era a él a quien quería de verdad. Siempre rompiamos por alguna tontería, siempre, era típico pero en el fondo ninguno de los dos podría vivir sin el otro. ¿Por que vivir separados pudiendo ser felices juntos? ¿Por qué tantos enfados? ¿Tantos rencores? ¿Por que tanto orgullo? Orgullo, maldito orgullo. ¡Te odio orgullo!
Corrí hacia Raúl me abracé a el y lo besé en los labios, sin darle tiempo ni a que pudiese reaccionar y sin decir ni un saludo. ¿Que mejor saludo que aquel?
Obtuve la respuesta que quería respondió a mi beso y abrazó con fuerza a mi abrazo.
Felicidad outra vez. Ya había elegigo, te quería a ti Raúl.
Tras aquel intenso beso, separamos los labios pero el abrazo continuó.
-Te quiero Raúl, te quiero solo a ti. He estado evitando a todo el mundo tras tu accidente, quería pensar y me he dado cuenta de esto, no quiero a Dimas te quiero a ti. Ya he elegido.
Raúl sonrió.
-¿Se lo has dicho a él?
-No, acabo de darme cuenta ahora mismo de esto.- respondí.
-Vaya... Asi que solo hacía falta verme, ¿tan guapo soy?
Nos reimos a la vez los dos.
-Raquel, pero estás segura ¿no? No te necesito hoy, ni mañana, te necesitaré después por mucho tiempo.
Sonreí, eso había sonado bien, pero no supe muy bien lo que significaba.
-Soy la persona mas segura del mundo en este momento pero, ¿que significa lo que acabas de decir?
-Bien- siguió- Que no tengo prisa contigo porque de ti espero algo largo y duradero.

26 de mayo de 2011

44. Creer

-Raúl, levantate hombre, ¿que haces ahí tirado?- pregunté a la vez que lo agarraba y lo enderezaba- ¿que diablos te ha pasado? ¿Estás llorando?
Me miró extrañado, parecía recién despertado de un extraño trance. Su cara estaba enrojecida al igual que sus ojos.
-¿Adam?
-Sí, soy yo. Oye, ¿Que te pasa? ¿Estás bien?
Raúl sorbio por la nariz y asintió con la cabeza.
-Sí, no te preocupes, no es nada- hizo una pausa y me miró de arriba abajo- Bueno, si me disculpas, me voy a casa, necesito descansar. Yas está dentro, si quieres pasar...
-Gracias- dije contento.
Por fin iba a poder verla, por fin se iba aclarar todo. No pensaba irme de allí sin haberla echo entrar en razón.
Andamos los escasos metros que había desde la entrada del jardín a la casa y Raúl abrió la puerta.
Entramos los dos y yo cerré la puerta a mis espaldas.
Escuchamos unos estridentes gritos que procedían de la parte superior de la casa nada más entrar. Parecía la pequeña Cristina. Si, era ella, su misma voz, alvorotadora.
Raúl me miró y mostró un gesto de tristeza.
No supe que estaba pasando.
-Hoy vino nuestro padre. Ahora si nos ha abandonado para siempre- aclaró entonces Raúl -y ni siquiera quiso abrazar a Cris. ¿Te das cuenta, Adam? ¡¿Te das cuenta de la clase de padre que tengo?! -su tono de voz aumentó y noté ceirta rabia y rencor.
-Lo siento, quizás vine en un mal momento. No sabía nada.
De la furia de Raúñ surgió una pequeña sonrisa.
-Me caes bien Adam, tu me salvaste, me apartaste del mundo de las drogas, no dejaste que me introdujera en él. Por todo eso me gustas, me gustas para Yas, eres la clase de hombre que ella se merece.
No entendí porque tanta amabilidad de repente.
-¿Quieres que la llame?
Dude por un momento.
-Si no es mucha molestia, me gustaría hablar con ella.
Raúl subió las escaleras y desapareció de mi vista.
Los gritos de Cris no cesaban, al igual que las voces de Yasmine y su abuela por calmarla. Todo se podía escuchar desde la parte de abajo de la casa.
Segundos después los gritos y lloros de la niña se hicieron mas fuertes e intensos, es más se aproximaban. Las vi bajar, a las dos hermanas. Yasmine con la niña en brazos, abrazada a ella, y detrás los otros dos familiares que le quedaban.
Ahí estaba, preciosa como siempre, con sus ojos intensamente azules, pero tristes y sus cabellos oscuros ensortijados cayendo por debajo de los hombros.
Me miró y por un intante percibí un alegría. ¡Sí! Eso había sido una sonrisa, se alegraba de verme, lo sabía, no estaba enfadada del todo.
Se acercó a mí.
-Adam...- susurró.
Me puse justo delante de ella y le guiñé un ojo.
-¡Cris! ¿Que te pasa muñequita?- le pregunté mientras se la arrancaba de los brazos y la abrazaba.
La niña me miró a los ojos, y yo vi los suyos inundados por un mar de lágrimas.
Los gritos cesaron, pero no los llantos.
-¿Adam? -se agarró muy fuerte a mi cuello contenta de verme.
-Sí, aquí estoy, ¿a que vienen estos lloros? Las chicas grandes no lloran, ya lo dice la canción de Fergie, ¿no te acuerdas?
Cris retrocedió en el tiempo. Si, Adam le había prestado un disco que contenía la canción "Big girl don´t cry". El se la había traducido.
Entonces apareció su sonrisa angelical, la de siempre, la gran sonrisa de Cris, ya apenas lloraba.
Yasmine, Raúl y la abuela me miraban incrédulos.
La abuela intervino entonces.
-Cris, cariño, ven ayudame a hacer la comida, hoy hay pollo frito, ¿te apetece?- intentó no recordarle el tema de su padre.
-Si, abu.
La abuela la cogió de mis brazos mientras me hacía un gesto de agradecimiento por haberla calmado, y se la llevó a la comida sin dejar de hablarle de lo rica que les iba a salir la comida.
-Bueno, yo tengo que llamar a Jonatan por teléfono- dijo Raúl dándose a la fuga escaleras arriba.
Nos quedamos solos, ella y yo, al fin solos. El momento había llegado.

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-¿Vamos a dar un paseo?
Comprendí quedíamos hablar, necesitaba salir de dudas de una vez por todas, por ello asentí.
Adam sonrió. Cuanto tiempo sin ver aquella sonrisa, la más amable de sus sonrisas.
Los dos salimos por la puerta y nos dispusimos a caminar, sin ningún rumbo. La intención era hablar, ¿que más da a donde llegasemos?
-¿Como estás?- me preguntó.
-Estoy bien, creo que ya no siento dolor de tantas desgracias que me pasan.
Me miró extrañado.
-¿Lo dices por mí?
-Da igual por que diga Adam, soy un imán para las penas. Un día murió mi madre, y desde ese día todo se vino abajo irremediablemente... -dije mirando al suelo tristemente.
Adam suspiró.
-Oye Adam, gracias por calmar a Cris, ¿se puede saber como lo haces? Parece que te conoce mejor a ti que a nosotros, fue cogerla tu en brazos y callarse... ¿Como demonios lo has echo?
Él sonrió halagado.
Recuerda que soy un chico raro, espectacularmente interedante y atractivo y tengo un par de dones. ¿Que mas se puede esperar de mí?
Sonreí. Al fin y al cabo no estaba equivocado del todo.
-Yasmine- dejó de caminar y me agarró de un brazo deteniendome a mi también en medio de la acera- ¿Que nos está pasando? ¿Cual es el problema?- su mirada verde de nuevo atravesando mis ojos.
-Jurame, por favor que no has violado nadie nunca. Por favor, júramelo, necesito creer en ti Adam.
-¡¿Qué?!- Adam se echó a reír a carcajadas -Yasmine, ¿de donde has sacado ese disparate?
Me sentí avergonzada de repente. Todo, aquella chica, Matilde me pareció rídicula, ocurrencia sin sentido de repente. Todo había cambiado. Absurdo.
-Matilde, ¿no te dice nada ese nombre?
Negó con la cabeza.
-Adam, el otro día una chica vino a mi casa, estaba embarazada y me vino a adertir de me alejara de ti, me dijo que tu la habías violado.
-¿Qué? Madre mía... Quiero hablar con esa chica. Resulta que ahora soy un violador y yo sin darme cuenta.
Miré al suelo, pero el me levantó la barbilla e hizo que lo mirase a él.
-¿No eres un poco ingenua? Me haré las pruebas de paternidad, si quieres, haré lo que sea para demostrartelo pero te haré saber que yo no violé a nadie. ¿Todo ha sido por eso? El huir de mi, ¿por una simple mentira?
-Si, bueno... y por...
Adam entendió no le hicieron falta mas palabras.
-¿Cristal no?
Asentí con tristeza.
-Yasmine, yo no quiero a Cristal, ella no es una tontita como tú. Y sabes que a mi me atraen las tontas como tu solamente.
Sonreí, me acababa de llamar tonta, de decir la tontería mas ridicula del mundo, pero era Adam diciendome tonterías. Y eso no tenía precio.
-Pero Yasmine,- de pronto vi el miedo reflejado en su cara -¿Me crees verdad? -me preguntó entonces buscando sinceridad en mí.- Yo puedo demostrartelo todo, quiero que sepas que yo te lo voy a aclarar todo.
-No tiene ningún mérito creer en alguién cuando se tienen pruebas.
A Adam le gustó mi respuesta, aparecio una bonita sonrisa en su rostro, y desapareció la preocupación y el miedo.
Todo volvía a ser como antes, volvía esa magia. Esa cosa en el estómago, Adam me quería.
Acercó su rostro a mí y sonrió antes de darme un beso. Aquel beso que había echado de menos, que había extrañado durante tanto tiempo, al fin regresaba a mis labios. Un beso verdadero de amor, de reconciliación. Un beso de Adam, la mejor sensación del mundo.
Segundos después separó sus labios de los míos y regresaron de nuevo para darme un pico y luego un acogedor abrazo.
Me cogió de la mano.
Si, ya estaba segura, protegida otra vez, la tempestad había acabado, Adam y yo juntos de nuevo, alegría y más alegría, la mejor sensación del mundo. Mejor que la sensación mas bonita del mundo.
Casi me había olvidado de lo de mi padre. De mi padre y de alguien más...
Un lapsus a mi cabeza, de repente.
Debía decírselo, si, debía ser sincera, por eso se lo solté de repente, como si diciéndolo así pudiera expulsarlo y deshacerme de ello.
-Adam, yo tengo algo que contarte- hice una pequeña pausa para coger aire, y al fin me lancé al vacío arriesgándome a perder todo lo que acababa de recuperar- Ya no soy virgen.

25 de mayo de 2011

43. Furia

"Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo."

Un paso más, allí estaba, otra vez. Aquel hombre, casi podía tocarlo. Cerca de mi otra vez.
El hombre que me había dado la vida, el hombre que me había visto crecer... Mi valeroso padre, estaba conmigo, había vuelto.
Otro paso, ya estaba a su lado.
-Yasmine- susurró.
Sus ojos seguían igual que la última vez que los había visto. Con aquel brillo, aquel brillo triste...
-Papá- sonreí de la emoción– Has vuelto.
Tan solo un movimiento hizo que volviese la angustia. Un movimiento cabeza, una negativa, un no.
-Cariño, he venido a darte esto. -extendió una mano que poseía un sobre.
Lo cogí intrigada, y lo miré por fuera tan solo había una frase escrita: "Para mis hijos, Yasmine y Raúl"
-¿Quieres que llame a Raúl? El está dentro en casa.
-¡No, no! Escúchame, quiero que tu y tu hermano leáis el contenido del sobre, una vez yo me haya marchado.
-Pero papá...
-Lo siento, cariño. Soy un mal padre, no requiero del valor necesario para poder quedarme, soy un cobarde. -sus ojos iluminados por la luz solar derramaron una lágrima. -¿Raúl esta bien?
Asentí.
Un rasgo de felicidad iluminó su cara, pero desapareció rápido.
Guarde silencio y seguí mirando el sobre, pues no era capaz de aguantarle la mirada.
Unos pasitos se oyeron tras de mí.
Alguien correteaba hacia nosotros.
Una niña de rizos castaños, ojos celestes y rostro ilusionado se aproximaba.
Saltó a los brazos de mi padre.
-¡Papi! ¿Donde habías estado? -la escena me emocionó, empecé a llorar, Cris iba volver a llevar un gran golpe, estaba segura de ello, pero no me vi capaz de poder hacer nada por impedirlo.
El rostro de mi padre era puro dolor.
Sus manos envolvieron a la pequeña que poseía entre sus brazos, desconcertado, avergonzado, derrotado...
Y de repente, la magia del momento desapareció, mi progenitor soltó a Cristina, la rechazó.
Esta siguió agarrada a el negándose a dejarlo irse otra vez.
-Cris, ven aquí -la llamé, pero no me hizo caso.
Se agarraba con fuerza a la pierna de mi padre y al ver que este oponía resistencia para separarla se soltó.
Un incómodo silencio se produjo entre los tres.
Yo podía oír perfectamente los latidos de mi corazón, tan solo eso.
Respiré e inspiré y todo se vino abajo.
¿Que hay mas triste en este mundo que ver a un niño llorar?
La carita angelical de Cristina se cambió a una de decepción, su boquita empezó a temblar, y sus ojitos brillaban...
Era como cuando hace un día esplendido, radiante y soleado y de repente, todo se nubla, se vuelve gris, y las gotas empiezan a caer, al igual que las lágrimas de mi hermana.
Un grito angustioso salió de su garganta cogiendo cada vez mas volumen y mas intensidad.
La cogí en brazos intentando consolarla y la abracé fuerte. Sus chillidos eran insoportables, parecía como si la estuvieran apuñalando.
Mi padre tragó saliva, nervioso, avergonzado, sin saber donde ponerse.
Había despertado la tristeza de Cristina, había roto un momento mágico entre padre e hija.
En ese momento, mi padre murió para mí.
-Lárgate- dije -Para mi estas muerto. No vuelvas nunca más.
Di media vuelta y me dirigí a casa con mi hermana en brazos llorando y gritando como si le hubieran roto el alma, el corazón y los huesos a la vez.
Lancé la carta sobre la mesa dónde estaba Raúl y este me miró dubitativo.
-Leela tú, no pienso leer nada de lo que ahí pone.
El rostro de mi hermano no entendía nada, pero no me importaba.
Estaba furiosa, enfadada, harta de tanta cobardía.
Me llevé a Cris a su cuarto e intenté tranquilizarla.


¿Que significaba todo esto? ¿Por que lloraba Cris? Mi hermana no es como los demás niños, no llora por cualquier simple tontería...
Y ¿aquella carta?
"Para mis hijos: Yasmine y Raúl"

No dudé un segundo en abrirla.

“Queridos hijos míos:
Sé que cuando acabéis de terminar de leer estas míseras líneas no querréis saber nada de mi existencia.
El fin de esta carta es que entendáis el motivo verdadero de la muerte de vuestra madre.
Mis queridos niños... no sé como empezar...
Vuestra madre murió, por mi culpa, soy el único culpable.
Niños, no es fácil decir esto pero, yo engañaba a vuestra madre, existe otra mujer. Vuestra madre se enteró y sufrió un dolor tan grande que... el infarto la mató... Yo la maté.
Sé que pediros perdón no sirve de nada, pero os pido mil perdones... a los tres.
Os quiero mucho hijos. En el sobre está todo el dinero que os debo.
Perdón por ser tan mal padre, pero no tengo el valor de miraros a la cara.
Eliseo"



Ahí estaba Raúl el fuerte llorando, Raúl el intocable llorando...
Miré el sobre, lleno de billetes de 100 euros... Lleno de porquería...
Salí corriendo al jardín con la esperanza de encontrarlo. Pero no había rastro de él...
Tenía demasiados sentimientos contenidos, decepción, rabia, odio, ira, orgullo, asco, ...
Me lleve las manos a la cabeza llorando desconsolado.
Y grité todo lo mas fuerte que pude:
-¡¿Te has ido hijo de puta? ¿Ese es el cariño que le tienes a tus hijos? ¿Te vas? Maldito cabrón, ¿nos compras con un manojo de billetes? ¿Que diría mamá si levantase la cabeza? ¡Te odio papá, te odio!

Caí rendido sobre la hierva sin parar de llorar, muerto por dentro...

2 de octubre de 2010

42. Esperanza

-¡Gaia! Vamos, tengo que sacarte a pasear -la perra me saltó a las piernas feliz, dejando que le colocase la correa.
Salimos de casa y cerré la puerta con llave.
Un día nuevo, soleado, cálido... un día precioso. Desgraciadamente no coincidia con mi estado de ánimo.
Nos dirigíamos hacia un hermoso parque cercano; el suelo era cubierto por el cesped, tenía bancos de madera y mesas para poder comer, esculturas de piedra y hasta un pequeño río pasaba al lado, donde siempre se mostraba algún pato nadando y comiendo el pan que los visitantes le tiraban.
Gaia tiraba con fuerza de la correa, casi no tenía que hacer esfuerzos para andar, pues ella tiraba de mí. Estaba ansiosa, sabía perfectamente hacia a donde íbamos y también sabía que al llegar a allí la dejaría suelta, correr en libertad.
Poco después ya estábamos allí, yo sentado en uno de los bancos y ella corriendo feliz sobre el cesped. Por unos instantes la envidié, ¿que preocupaciones podría tener a parte de querer salir a pasear? Sí, mi perra era feliz, mucho más que yo.
Yasmine no quería saber nada de mí sin saber porque extraña razón.
A Cristal la había echado de casa, ¿que habría sido de ella? Quizás no hice lo correcto... pero ¿que podría hacer? Había venido hasta aquí sin madarle nadie... No pude dejar que se quedara en la calle por eso estuvo un par de días en mi casa, pero... tuve que echarla.
Si, hice bien. Esa chica me trae demasiados problemas, ha empeorado mi relación con Yasmine, aunque no me ha dejado por ella, sino por una tal Matilde...
Aparté mi pelo hacia atrás dejando mis ojos al descubierto de algun mechón que me caía hacia delante. La cabeza me dolía, ya le había dado demasiadas vueltas al asunto.
Saqué mi teléfono móvil y la llamé.
-¿Si? -su voz parecía somnolienta. Quizas la había despertado.
-¿Te he despertado?
-Si -no mostró mucho interés enresponder.
-¡Ui! Lo siento -intenté disculparme.
-¿Que quieres? -preguntó ella, parecía un poco aturdida.
-Que me digas porque no quieres saber nada de mí.
-Uf... -susurró y dejó hablar, a continuación no hubo respuesta.
-¿Yasmine?
Nada, no obtuve contestación, tan solos unos ruídos como si algo cayera al suelo y luego más sonidos extraños que no pude reconocer. Pero lo que mas me impacto fue lo siguiente que escuché.
-¿Estás bien? -Mi estómago se revolvió, era una voz de hombre.
-¿Yamine, que pasa? -insistí.
Colgó.
Respiré hondo e intenté tranquilizarme... Todo debía de tener una explicación. Si, no había que precipitarse, calma... ¡Pero que coño! ¿Como me iba a tranquilizar? Estaba con otro, ¡con otro!
Mi corazón latía a toda la velocidad. ¿Por eso me había dejado? ¿Había otro chico? Pero entonces ¿que pintaba la tal Matilde? Quizás me vio con Cristal...
Tenía que encontrarla, si, como fuera. Me levanté del banco y caminé lo más rapido posible, tenía que volver a casa rápido, coger mi coche y salir pitando para su casa.
Miles de ideas se me pasaron por la cabeza, algunas sin ningún sentido ni lógica. No se podía pensar en caliente, me estaba volviendo loco. Cuando entoncés...
-Te olvidas de Gaia.
¡No por favor! Conocía esa voz...
Me giré y allí estaba, la persona a la que menos deseaba ver en aquel momento, Cristal.
Tenía a mi perra sujeta por el collar y me sonreía.
-¡Oh! Gracias, casi me voy sin ella. -la enganché con la correa.
¿Pero donde tenía la cabeza? Había estado a punto de abandonarla.
-Adam, ¿que te ocurre? Te noto nervioso.
-Debo irme. -me giré y comencé a caminar, de esta vez con mi amiga canina.
-Adam -me paró agarrándome de un brazo.
-Ahora no puedo Cristal -seguí andando.
-Pero Adam, necesito hablar contigo.
En ese momento perdí los nervios.
-¡¡Mira Cristal, me estás jodiendo!! Pagaré tu billete de avión y todo lo que quieras, pero por favor ¡¡vuelve a la maldita isla donde te encontré y desaparece de mi vida!!
Dios... Me había pasado...
Me volví, no quise ver su cara. Gaia dejó de caminar, la estaba mirando, sentía compasión por ella, lloraba y no quería seguir camiando.
-¡Camina Gaia! -le grité.
La perra se sentó y siguió mirándola.
-¡Vamos Gaia! -por mas que tiraba de ella no había manera de moverla del sitio.
-Hazle caso Gaia, no llores por un estorbo como yo... -intervino Ctistal, su voz quebrada me partió el corazón.
Me giré, estaba caminando en dirección contraria, se iba.
-¡Cristal! -la llamé.
No varío su camino ni mostró e hizo oídos sordos.
-¡Lo siento!
Nada, siguió caminando.
La ignoré enfurecido y me di la vuelta, la perra se seguía negando a caminar y yo cada vez estaba más nervioso.
-¡Mira Gaia! Como no andes te quedas aquí tú sola.
Bajó la cabeza y se puso en pie obedeciendo, mientras a mí la angustia me mataba por dentro.

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Respiré hondo, ya no me dolía tanto el estómago, me había echo bien vomitar.
Héctor me sujetaba la cabeza y el pelo.
-Oh... Siento mancharte la alfombra -me disculpé.
-No importa, yo me lo he buscado incitándote a beber.
Recordé entonces la llamada de Adam y cogí el móvil que había dejado sobre el colchón al vomitar.
-¿Era tu abuela? -preguntó al ver que observaba la pantalla.
-No, era Adam... -susurré.
-¿Sabes? No le conozco pero por lo poco que me has contado de él, hay algo que no me encaja -seguí escuchándolo - ¿Alguna vez te trató mal?
-No, tuvimos alguna discusión pero nada grave.
Se quedó pensativo.
-Alguna vez intentó, como decirlo... ¿desvirgarte? Quiero decir... ¿sabía que eras virgen? ¿Te ha presionado alguna vez a hacerlo?
-Claro que no- respondí indignada -Solo lo intentó una vez pero al ver que no quería paró.
-¿Y el se enfadó? -volvió a pregunatar.
-No, incluso me pidió disculpas.
Hizo una pausa.
-No creo que el haya violado a nadie. -afirmó.
-Pero... la chica...
Negó la cabeza.
-Yasmine... Hai mucha gente dispuesta a inventar cosas con tal de hacer daño. -susurró.
-Pero, no la conocía de nada.
-¿Y? Eso es todavía mas lógico, ¿crees que alguién iba a mandar a decirte eso, a alguien conocido? Y además, quizás quieran fastidiarlo a él y no a ti.
-Héctor no tiene sentido, estaba embarazada, ya se le notaba la barriga.
-Podría ser de cualquiera, ¿o es él el único que puede dejar embarazadas a las chicas? O quizás ni siquiera era una barriga auténtica y tenía un cojín por abajo.
-No sé... -no quería aferrarme a esa esperanza, pues si al final no fuera cierto sería lo doble de doloroso.
-¿Tienes manera de comunicarte con la chica?
-No, dijo que tendría noticias de ella pero no, la vi más.
-Yo le pediría que se hiciese las pruebas de paternidad.
No contesté, estaba pensativa, dándole vueltas a las cosas.
-Verás Yasmine, no se puede creer todo lo que la gente te dice, hay que tener pruebas, asegurarse por completo y luego actuar.
-Tienes razón.
-Con esto no quiero decir que sea inocente, ni siquiera lo conozco, pero conviene que desconfies un poco.

La esperanza revoloteaba por mi interior otra vez... ¿Como alguién podía hacerte cambiar de opinión con tanta facilidad, darte de nuevo ganas de seguir viviendo?
Si, tenía bastante sentido, además Adam había dicho no conocer a Matilde...
Sonreí, la mano de Héctor me levanto la cabeza tirando suavemente de mi barbilla.
-Sí, así estás muchísimo mas guapa.
De repente notamos como alguien petaba en la puerta de la habitación.
Héctor la abrió y se encontró a su pequeña hermana en el suelo arrodillaba, estaba empezando a gatear.
-¡Ei! -exclamó el al verla -Ven aquí Astrid. -la besó en la mejilla y la trajó en brazos hasta la cama.
-Es preciosa -afirmé.
-Claro que lo es, eso viene de familia. -contestó el mientras comenzaba a jugar con ella levantándola en el aire. La niña se reía contenta, me recordaban a Raúl con Cristina.
-¿Quieres quedarte a comer? -me dijo luego a la vez que se tiraba en la cama con Astrid encima, la cual se reía de las caras que le ponía su hermano.
-¡Oh no! Mi abuela estará subiendose por las paredes, ya son casi las doce. -afirmé mientras me apresuraba a vestirme. Miré por la ventana.
Un día presioso día se avecinaba, un vehículo cruzó la carretera entonces... ¿Adivinais quién podría ser?

30 de septiembre de 2010